Buscar este blog

martes, 9 de octubre de 2012

Entrevista a Mario Moine



Hubo dos hechos que acontecieron durante su gobierno que impactaron en las cuentas públicas. Uno fue la transferencia de servicios y el otro fue los pactos fiscales. ¿Cómo impactó esto en la estructura financiera del estado provincial?

A mí me resultó muy atractivo que de repente todo el sistema educativo nacional pasara a nuestra dependencia. Basta recordar que para el 40% de las escuelas, donde funcionaba tanto la primaria como secundaria, dependíamos de un supervisor que venía de Buenos Aires que no tenía la más mínima idea de la provincia de Entre Ríos. Entonces cuando nos hablan de pasar bajo nuestra responsabilidad, por supuesto que dijimos que sí. Pero detrás de ese sí, después dijeron que el tema del presupuesto lo iban a ver y cuando acordamos después de tres o cuatro meses fue sin la herramienta económica. Y mientras tanto nosotros habíamos aceptado abiertamente el manejar la educación, porque tenía todo un sentido federal. Así que de alguna forma Cavallo fue muy pícaro; ofreció la zanahoria. Por supuesto, tenía todo un sentido de federalismo eso, pero después no fue acompañado por el presupuesto correspondiente. De todas maneras en ese momento la economía estaba andando bien, estaban entrando muy buenos recursos de coparticipación entonces de alguna manera uno lo podía llevar.
Posteriormente a que acepté firmar el pacto fiscal entonces llegó a la provincia de Entre Ríos la ruta 127, que fue muy importante, ya que une Monte Caseros con Federal; la aceptación de declarar de interés nacional la Ruta 14; la decisión de declarar de interés la construcción del Puente Victoria-Rosario y después llegó la decisión de la reconstrucción de la ruta que unía Cerrito con La Paz, que estaba destruida. De tal forma que, si cabe la expresión, al ceder y firmar el pacto fiscal cobré en mucha inversión en las rutas de la provincia de Entre Ríos que en el 91 estaban casi todas destrozadas.

viernes, 5 de octubre de 2012

Capítulo 3 (Segunda Parte)


El escenario del ajuste

Héctor Domeniconi, facsimil de El Diario.
El Informe contiene un compendio de acciones claves que debían tomarse para darle a la administración pública provincial la impronta de época en su configuración. En las páginas siguientes analizaremos los que consideramos los principales. Se trata de cuatro ejes: la privatización de la empresa de energía, la venta del Banco de Entre Ríos, la transformación del sistema educativo y el despido de personal, que estimamos fundamentales para comprender el proceso. En los párrafos finales, se adosarán puntos sueltos del Informe, que completan el panorama, pero que no llegan a representar, por sí mismos, unidades de análisis.
Antes de adentrarnos, conviene mencionar cuál es el panorama que presentaba el Informe. El primer capítulo del estudio, denominado “Situación financiera de la provincia”, mostraba un panorama desalentador: Entre Ríos estaba en quiebra. “La última revisión del presupuesto 1992 arroja un déficit primario de $ 167 millones, como resultado de ingresos por $ 749 millones y erogaciones por $ 916 millones. Este déficit alcanza, en consecuencia, una magnitud equivalente al 22% del total de recursos.
Dado que las previsiones presupuestarias sobre la necesidad de financiamiento del déficit ascienden a sólo $ 94 millones, la diferencia entre este importe y el déficit total, o sea $ 73 millones, no tendrá otra alternativa, que financiarse en forma forzosa. Esto es a través de la postergación de la atención de la mayoría de las obligaciones, independientemente de su necesidad y urgencia; hecho que ya ha comenzado a apreciarse en la actualidad”.
(…)
A partir de este escenario, el Informe sentaba la estructura de lo que debería hacerse para ajustar las cuentas. No era suficiente mejorar los ingresos provinciales (que, de hecho, empeoraron tras la firma del primer Pacto Fiscal), sino que había que apuntar a las erogaciones, las que presentaban cierta rigidez, como destacaba el texto. En efecto “si se toma como dada la estructura  financiamiento (recursos con afectación específica vs. recursos de libre disponibilidad) y el gasto actual en personal (incluidas las transferencias para atender el déficit de la Caja de Jubilaciones y los gastos en docentes privados) se llega a que sólo se puede actuar sobre el 8% de los gastos presupuestados”. Es decir, el ajuste tendría características simbólicas, pero no alcanzaría a contener la sangría. La respuesta se presentaba entonces, como algo evidente: “En consecuencia, cualquier política que pretenda ser exitosa en la reversión de la situación de virtual quiebra planteada, independientemente de los logros que pueda tener por el lado de aumentar los recursos de jurisdicción provincial, no podrá dejar de actuar sobre el gasto en personal en su conjunto[i]”.
La mesa, pues, quedaba servida.



[i] El subrayado me pertenece.

jueves, 4 de octubre de 2012

Capitulo 3 (Primera Parte)


Facsimil de la nota aparecida en El Diario
A mediados de agosto, quedaron definidos dos bloques para disputar la conducción del Partido Justicialista en las elecciones de noviembre. Al frente de una estaba Moine, mientras que Busti quedó encabezando la otra. Esta compulsa era relevante, dado el espíritu de la renovación que Antonio Cafiero le había impreso al justicialismo tras la derrota ante Raúl Alfonsín en 1983. El peronismo intentaba mostrarse como una estructura que seguía cánones y estándares democráticos de cualquier sistema republicano, que lo equiparaban con cualquier otra fuerza política. Además, el comicio tenía en sí un peso específico relevante: el padrón, sin depurar, estaba compuesto por 170 mil personas.
“Está en juego el perfil del peronismo entrerriano”, vaticinó Busti días antes de la contienda[i]. El entonces intendente de Concordia simulaba mantener un juego a dos aguas: evitaba quedar muy pegado con el esquema político y económico impulsado por el Gobierno nacional y criticaba a Moine, pero por otra lado mantenía una línea abierta de contacto con referentes importantes del gabinete nacional, donde incluso llegó a colocar en posiciones de relieve a dos hombres que luego serían sus ministros de Economía: Eduardo Macri y Marcelo Cassareto (…)
El lunes 23 de noviembre, a menos de siete días para la interna peronista, El Diario de Paraná publicó en su espacio “Temas pendientes”, a cargo del periodista Guillermo Alfieri, una extensa referencia al estudio hecho por el funcionario nacional junto a un grupo de profesionales (…)
“De las hipótesis se ha entrado en el terreno de las tesis”, sintetizaba la primera línea de la nota. Magistral resúmen. Hasta ese entonces, las medidas de ajuste eran dispersas, parciales. El Informe reunía en su medio centenar de páginas un análisis detallado de la situación y provincial y una batería de medidas a fin de superarla. Es decir, fue el plexo organizado en base a un criterio unificado de cómo hacer el ajuste en Entre Ríos en todas las áreas de gobierno (…)
La noticia cayó como una bomba en Casa de Gobierno. Es que supuestamente existían sólo tres copias del informe: una estaba en manos de Moine, otra era de  José Luis Gea Sánchez, el subsecretario de Coordinación Económica y la restante fue para Gualberto Ocampo, titular de Reforma del Estado[ii]. La primera reacción fue buscar quién había filtrado la información, pero de inmediato el Gobierno buscó la forma de matizar lo planteado en la publicación y en las notas sucesivas que se fueron dando (…)
Cuarenta y ocho horas después de la publicación de la primera nota sobre el Informe, El Diario recogía repercusiones en el arco sindical[iii]. De los cuatro gremios consultados, solo dos (ATE y AGMER), se plantan abiertamente contra la política de ajuste que el Informe adelantaba. El gremio de los viales (SOEVER) y el de los trabajadores de la empresa eléctrica provincial (Luz y Fuerza) se ponen a la defensiva, aceptando como hecho dado las restricciones e intentando salvar la ropa (…)
El tercer acto se dio el jueves 26. A tres días de primera parada electoral desde la asunción en diciembre de 1991, el propio Moine salió a la palestra:
En un intento de llevar tranquilidad a los empleados públicos, el mandatario provincial explicó que “se trabajará sobre el Estado durante los próximos tres años pero sin situaciones abruptas, sin situaciones de crisis – insistió – y respetando al empleado público”
Respecto del “Informe Domenicone”, el gobernador precisó que “es un trabajo en el cual, desde Buenos Aires, se da una visión del Estado provincial” y aclaró que “de ahora en más la decisión política corresponde al gobierno de Entre Ríos”. Enfatizó que “ellos (equipo Domenicone) no vienen a tomar decisiones por Entre Ríos” (…)
Finalmente, y especificando la manera en que se propone achicar el Estado provincial “y lo hemos explicado hasta el cansancio”, dijo, es con “la implementación del retiro voluntario y la decisión de no incorporar más gente y de no remplazar a quienes se jubilan[iv]”.
La secuencia se cerró el viernes 27, cuando el Gobierno difundió declaraciones del propio Domenicone, quien develaba que el Gobierno provincial colaboró en la realización del Informe, con lo que contradice parcialmente lo apuntado por el gobernador Moine, en lo referido a que el estudio era made in Buenos Aires. En este sentido, cobró otra relevancia la afirmación posterior de que es el Gobierno provincial el que deberá evaluar alcances y oportunidad para aplicar el ajuste recomendado. Es de matriz diferente considerar un informe hecho por funcionarios nacionales remitido a las autoridades locales para que éstos lo evalúen y, eventualmente, lo apliquen, que tener en las manos un estudio cuyos coautores fueron quienes serán luego los mismos que lo pondrán en funcionamiento. En el primer caso, la aceptación del ajuste se da en una etapa posterior; en el segundo, la racionalización del Estado es una premisa inicial que funda el razonamiento para la acción ulterior. Es decir los mecanismos detallados en el informe para restringir erogaciones en la administración pública, incluyendo despidos y privatizaciones, estuvieron presentes desde un primer momento en la cabeza de quienes tuvieron que aplicar más tarde estas políticas. (…)
El domingo 29 de noviembre, Busti sufrió la primera derrota electoral de su carrera. Moine, con el respaldo de la mayoría de los referentes departamentales del peronismo, se impuso en una interna cerrada donde participaron más de 80 mil personas, como presidente del Consejo Provincial del Partido Justicialista. El gobernador obtuvo 51.245 votos contra 31.675 de Busti. La diferencia fue de 19.570 votos. Ganó en todos los departamentos, con la excepción de Concordia. (…)
Con la excusa de hacer un balance de su primer año de gestión, Moine anunció el viernes 11  los lineamientos del ajuste. El valor implícito de sus dichos fue tan relevante que, a diferencia de lo que era costumbre, el Diario colocó la información en tapa (…)
Las medidas anunciadas por Moine se volcarían luego en el texto del proyecto que se convertiría en la 8.706. Estribó en los resultados obtenidos en las elecciones del justicialismo que le dejaba el camino liberado en la faz interna para impulsar estas medidas, que iban a permitir superar una situación coyuntural.



[i] El Diario. Jueves 26 de noviembre. “Está en juego el perfil del peronismo”. Pág. 7. Entrevista a Busti, quien se mostró en la foto junto a Aníbal Vergara, representante del Gobierno de Entre Ríos en el Túnel Subfluvial.
[ii] Análisis. Jueves 26 de noviembre. “Domenicone, compadre…”, página 6. Nota firmada por Sergio Gómez.
[iii] El Diario. Miércoles 25. “Repercusiones gremiales del ‘informe Domenicone’” Pág 6
[iv] El Diario. Jueves 26 de noviembre. “’Los trabajadores serán respetados, aseguró Moine”. Pág. 6

miércoles, 3 de octubre de 2012

Capítulo 2 (Primera Parte)


El paredón de la casa ubicada en avenida Ramírez y Marcos Sastre de Paraná, resultó desde siempre tentador para aquellos que utilizan el graffitti como técnica de comunicación. Sobre la mención al grupo de rock pesado Iron Maiden  y su “Alive in América” y de otras inscripciones ya incomprensibles, hay una pintada que sobresale. Está escrita con color verde: “E. Ríos o Cavallo”. La leyenda marca toda una época: la consigna se corresponde con los primeros meses del mandato de Mario Armando Moine como gobernador de la provincia, cuando el enfrentamiento entre el mandatario provincial y la estrella del gobierno de Carlos Menem, Domingo Felipe Cavallo, marcaba la escena política entrerriana. Es que Moine, a pesar de ser un arquetipo del dirigente de la época, un empresario exitoso que decidía volcarse a la política, llevando a la cosa pública los principios del gerenciamiento y que además tenía en su haber una prolija administración de la Municipalidad de Paraná, se resistía a seguir algunas de las medidas impulsadas por el padre de la convertibilidad.
Su línea de acción podría definirse como un acuerdo general con las políticas implementadas en el orden nacional, con disidencias de aplicación (…)
En esos meses iniciales de su mandato, el gobierno impulsó medidas que muestran el rumbo que seguiría. Impuso un plan de retiros voluntarios en el Banco de Entre Ríos (BER), al que se adhirieron 186[i] personas y envió a la Legislatura un programa similar para la administración pública y el resto de las empresas y entes del Estado. Además, el BER había sido convertido en sociedad anónima, paso previo a su entrega al capital privado.
El punto más alto de la disputa con las autoridades nacionales llegó con el planteo del Gobierno nacional para firmar un pacto fiscal con las provincias, a fin de reconducir los recursos de coparticipación federal desde los gobiernos provinciales hacia la Administración central (…)
El viernes 7 de agosto de 1992, Cavallo y Manzano llevaron la última propuesta de Pacto Fiscal a los gobernadores. Moine juntó al día siguiente a su equipo económico a fin de analizarla en detalle[ii]. El domingo 9, en conferencia de prensa, anunció que Entre Ríos no iba a rubricar el Pacto Fiscal (…)
La bravuconada de Moine duró menos que el portazo de Bernardo Grinspun al FMI. El miércoles 12 en Capital Federal, el gobernador de Entre Ríos inclinó su corta figura sobre la mesa y estampó su firma, mientras Manzano lanzaba guiños de ojo a diestra y siniestra[iii]. Habían pasado 266 días desde que en el encuentro de los gobernadores electos con Cavallo en la residencia presidencial de Olivos, Moine encolerizara al ministro de Economía espetándole: “No nos venga a decir cómo tenemos que gobernar en nuestras provincias”[iv].



[i] El Diario, lunes 31 de agosto. Pág. 6.
[ii] El Diario. Sábado 8 de agosto. Página 6.
[iii] El Diario. Jueves 13. Columna “Por los pasillos de la casa gris”. Pág. 6.
[iv] Análisis. 7 de enero de 1993. “Moine y un lápiz rojo de mucha punta”

martes, 2 de octubre de 2012

Capítulo 1 (Segunda Parte)



La inquietud que llevó a la realización de este trabajo también tiene su génesis en la crisis del 2001. Por aquellos años, en un almuerzo realizado en el departamento de calle Cervantes de Paraná donde vivía, compartíamos con el entonces concejal de la Alianza y ex – compañero de estudios en la Facultad, Guillermo Mondejar (uno de los mejores dirigentes que dio al radicalismo la Franja Morada, antes de su debacle) la inquietud de saber qué era lo que había pasado con el patrimonio público provincial acumulado a lo largo de décadas. En ese momento, el Banco de Entre Ríos, tras la salida del Credit Agricole, había sido rescatado al borde del precipicio por el Nación; los inversores extranjeros que controlaban la empresa de energía habían abandonado el bote y la habían arrojado a un fideicomiso de escasísima confiabilidad administrado por los empleados, donde la parte del león se la quedaban las líneas gerenciales, mientras que la maquinaria del Frigorífico Santa Elena iba a ser rematada como chatarra para pagar algunas de las cuentas del proceso judicial de quiebra ¿Cómo habíamos llegado a este punto?
Mondejar me propuso hacer un estudio sobre cómo había se habían dado las privatizaciones en Entre Ríos. Ambos teníamos en mente un esquema donde la corrupción jugaba un rol central y determinante. Sin embargo, el pasar del tiempo, la acumulación de experiencias y el avance de la investigación, sumó otras causas con mayor incidencia que la simple falta de conducta de los funcionarios públicos como razón de la implementación de la política neoliberal y de su posterior crisis. Jorge Halperín ayuda a entender la primera sensación que nos abordó por aquellos años: “Tengo la impresión de que la prensa que tenía una postura crítica con Menem se centró mucho en la denuncia de la corrupción. Pero, en el fondo, me parece que se hizo una operación, voluntaria o involuntaria, donde la denuncia de corrupción era descontextualizada, de manera tal que no se la relacionaba con el modelo económico imperante. Quedaban así como simples historias policiales sobre la política y el poder; donde finalmente lo que no se cuestionaba era el modelo”[i].
Tras aquella comida, donde el anfitrión hizo las milanesas y el puré y la visita pagó el helado, puse manos a la obra. Los testimonios recogidos fueron dibujando un denominador común: el Informe Domenicone, donde cada actor comprometido con alguno de los procesos de privatización situaba el comienzo de la historia particular que relataba. Esto llevó a la pregunta de qué era el Informe Domenicone y qué decía. Durante varios meses recorrí el archivo de la Provincia, la Biblioteca de la Legislatura y varias oficinas del Gobierno buscándolo. Así fue que llegué a la Dirección de Presupuesto del Ministerio de Economía, donde supuestamente había un ejemplar que había sido editado por Gualberto Ocampo cuando estuvo al frente de la repartición[ii]. Luego de unos días de espera, me informaron que había sido “dado de baja en un expurgo” hacía unos años. Es decir, no existía más.
Ya casi sin expectativas, comenté mi búsqueda infructuosa vía chat a Néstor “Toti” Banega, histórico referente de periodistas en la Cámara de Senadores. Fue la noche del jueves 25 de octubre de 2007.
Juan dice:
Estoy buscando el informe Domenicone
Juan dice:
¿dónde lo puedo encontrar?
Néstor dice:
yo lo tengo…
Durante varios minutos más, intercambiamos información sobre aquella época y los núcleos de poder que tallaban, dado que, como colaborador de Hernán Orduna en la vicegobernación, al “Toti” le tocó estar cerca.
Después vinieron las elecciones donde Cristina Fernández de Kirchner ganaba su primer período al frente de la Presidencia, el recambio de Jorge Busti por Sergio Urribarri y también la Convención Constituyente, que me tocó cubrir de cabo a rabo durante ocho meses, en medio del fragor del denominado “conflicto del campo”, en el que las entidades de la patronal rural pusieron contra las cuerdas a la segunda administración Kirchner.
Banega me dio la copia unos meses después de aquella conversación. Pero la agitada tarea diaria me impidió leerlo concienzudamente durante un tiempo; las largas esperas del colectivo 10 y su extenso trayecto desde el Santa Lucía al centro y viceversa sólo aportaron el espacio temporal para hojearlo de a tramos. Lo que sigue es el producto generado por una segunda lectura más minuciosa.



[i] HALPERÍN; Jorge. Noticias del Poder. Aguilar. Avellaneda. 2007. Pág 97
[ii] El propio Ocampo, en un encuentro casual en la calle durante 2006, me comentó esto.

lunes, 1 de octubre de 2012

Capítulo 1 (Primera Parte)

Los acondicionadores de aire del tercer piso del Palacio de Justicia, donde están las dependencias del Superior Tribunal de Justicia, máximo organismo judicial provincial, seguían a pleno funcionamiento durante la mañana del 19 de febrero de 1993, pese a que los 24 milímetros de lluvia caídos en la víspera habían bajado los sofocantes 32 grados de temperatura de las jornadas anteriores a los agradables 28 de ese viernes paranaense. Con el sonido de los motores de la refrigeración ambiente de fondo, los integrantes de la Sala Penal y de Asuntos Constitucionales del alto cuerpo declararon esa mañana la inconstitucionalidad del artículo 2º de la ley 8706, que había dispuesto 2.605 despidos de empleados estatales, quebrándole la muñeca al gobernador Mario Moine en una de sus apuestas más fuertes.
El viernes 11 de marzo de 1994, dos automóviles Renault 19 color oscuro se metían raudamente en el pavimento de la ruta nacional 12 con destino a Corrientes. Trasladaban a los operadores del recientemente privatizado Banco de Corrientes, que abandonaban definitivamente la plaza, dejando en manos del pool financiero capitaneado por Edmundo “Pilo” Muguruza el proceso de privatización del Banco de Entre Ríos.[i]
Un año después, varios frentes de edificios públicos y muros céntricos aparecieron decorados con grafitis con la leyenda “Fuera chilenos de Epeer”. Eran parte de la ofensiva que, en dos planos, llevaba adelante el sindicato de Luz y Fuerza: evitar la privatización de la compañía eléctrica provincial y, si este objetivo no se cumplía, hacer fuerza en pro de su propia oferta de compra, en la que se habían asociado con la Skoda checa.
A estos tres hechos aparentemente aislados los articula un mismo documento, redactado en 1992 y atribuido a Héctor Domeniconi, un funcionario del Gabinete de Carlos Menem que se desempeñaba en el Ministerio de Economía, cuya función era recorrer las provincias recomendando las políticas de ajuste y desguace del Estado. Si bien Domeniconi reconoció ante la consulta hecha para este trabajo que había armado esquemas de achicamiento de la administración pública en varias provincias, dijo no recordar puntualmente el de Entre Ríos. “No tengo presente el informe en particular. Se hicieron muchos, de manera genérica, por aquellos años, pero fue un trabajo orgánico del ministerio de Economía. Las provincias estaban fuertemente endeudadas, con grandes déficits y estábamos en plena hiperinflación”[ii], comentó. Sin embargo, el estudio, que se filtró a la prensa en noviembre de 1992, fue defendido públicamente por él en aquellos años. Por eso, al documento se lo conoció en estas tierras con su apellido deformado: el Informe Domenicone.



[i] El Diario. “Por los pasillos de la Casa Gris”. 17 de marzo. Pág. 8
[ii] Entrevista con el autor.